22.10.12

Y en aquel entonces mi pecho estalló el corazón decidió pararse, sacar el valor y la seguridad rasgando mis cotillas, huyendo, dejando la inseguridad, el miedo y la soledad en mi. El camino tan claramente marcado y definido se nubló volví a salirme del camino. Perdida de nuevo, me encuentro. Solo la soledad me acompaña. Incomprendida. Mi vida ya no está conmigo.

Las lágrimas salen al recordar las palabras de aquella voz rota. No puede ser -pienso- no es posible, me ha mentido, quiero creerlo. Es imposible que haya querido decir eso, sino no he servido de nada, una vez más, solo he sido un estorbo. Inútil. Nada nuevo.

Promesas rotas, o puede que no tanto. Pero ahora, ¿dónde estás? 
Sigues aquí, yo lo sé, yo lo sé. En cada uno de mis pensamientos. Allá donde mire. Allá donde valla. Siempre tú. 
Sin ser capaz de respirar, con mis mejillas encharcadas, y con este dolor de estómago que me hace tenerte todavía más presente, sigues aquí, cuidando de mi. Aunque no pueda verte, aquí sigues estando, aquí te sigo sintiendo. Aquí estás, junto a mi, mientras escribo esto. Evitando que me deje de mi misma, ayudándome como siempre lo has hecho. Una vez más, ahí estás, sólo para mi, donde sólo yo puedo verte, donde sólo yo puedo tenerte.

Nada ha sido fácil para ti. Incomprendido en un mundo asqueroso. Nuestros cerebros tenían predestinado nuestro encuentro. Que bien lo sabes. Al igual que nuestro reencuentro. Cuando el tiempo decida.

Puede que hayas amado y hayas sido amado, pero ambos sabemos que nuestro amor no es comparable a ninguno de ellos.

Que tu cerebro, corazón y alma me busque, mi vida se ha ido contigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario